Trilogía de Getafe

   

Edición conjunta, noviembre 2007

 

El prólogo del autor

 

SOBRE ESTA TRILOGÍA

Hace ahora diez años, Norma Sturniolo, entonces directora de la colección Espacio Abierto, de Anaya, me propuso escribir una novela para adolescentes, pero sin límite de edad. Ésa era, me dijo, la filosofía de la colección, la de acoger libros con una edad de partida pero sin edad de llegada. Sopesé cuidadosamente su oferta, porque nunca había hecho literatura juvenil, incluso tenía mis dudas acerca del concepto mismo de escribir para lectores predeterminados. Supongo que el planteamiento abierto de la propuesta, que me ponía en la necesidad de pensar en un lector adolescente, sí, pero sin renunciar a los que ya no lo eran, acabó de inclinarme a hacer el intento. He de decir que pocas veces me he alegrado tanto de atender una invitación.

Fue así como surgió, allá por 1997, Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, la primera novela de esta Trilogía de Getafe. En ella se narra en primera persona la historia que protagoniza Laura, una chica quinceañera, al verse atraída por Andrzej, un chaval polaco inmigrante que llega a vivir a su portal. La acción sucede en Getafe, la ciudad de la periferia sur madrileña en la que he vivido durante más de veinticinco años, aunque a través de las narraciones de su amigo polaco, y de la ensoñación que ellas le provocan, Laura viaja a ese remoto norte de Europa en el que ha nacido Andrzej. Me proponía así aunar lo local y lo universal, lo propio y lo extraño, mostrando que desde un barrio de una ciudad periférica bien podía contemplarse el mundo, que ese barrio era el mundo y la adolescente que allí vivía y soñaba un personaje que podía representarnos a todos, lejos de los estereotipos reduccionistas y marginales que se imponen en tantas ficciones sobre el extrarradio de las grandes ciudades.

Aquella primera novela tuvo una excelente acogida entre el público al que iba primeramente destinada, los jóvenes, y diez años después sigue leyéndose en muchos colegios e institutos. La respuesta de esos lectores, que pude recoger en el contacto directo con ellos en las aulas y también gracias a multitud de cartas y mensajes, me animó a escribir otras dos novelas, El cazador del desierto  y La lluvia de París, que aparecieron en 1998 y 2000 respectivamente. Ambas continúan teniendo como narradora a Laura, que va creciendo hasta situarse al borde de la edad adulta, pero el protagonismo se lo cede a sus amigas Irene y Silvia, que son las que viven las aventuras correspondientes. En ellas, vuelve a abrirse el mundo ante los ojos curiosos y atentos de la chica de barrio, que aprende con la experiencia ajena y así va tomando verdadera conciencia de sí misma.

 En El cazador del desierto, Irene conoce a Orens, un extraño muchacho que añora el desierto y adora a los héroes malditos y solitarios, como Lawrence de Arabia, Lanzarote del Lago y el cazador que encarna Robert de Niro en la película The Deer Hunter, de Michael Cimino. En La lluvia de París, Silvia, la más agraciada de las tres amigas, recibe una oferta para rodar una película en la capital francesa, donde afronta, además de la experiencia de vivir sola en una ciudad extranjera, las sombras que acechan tras las luces del éxito y la fama. Cada una a su modo, y Laura con ellas, perfilan su percepción de la realidad, descubriendo que hay en ella paradojas y contradicciones con las que no contaban. Comprueban que esa realidad es áspera a veces, pero no tratan de evadirse de ella con fantasías, porque como escritor no creo que ésta sea la única manera de seducir a los jóvenes y porque ellas son cada vez menos niñas. A lo que no renuncia ninguna de las tres es a la imaginación, que supone algo bien diferente: la fuerza que nos permite proyectarnos más allá e impide que nos quedemos en la superficie de las cosas.

Esta edición conjunta de las tres novelas, dirigida al público general, representa para su autor una gran alegría, y hago constar mi gratitud a Ediciones Destino y en particular a Silvia Sesé y Emili Rosales por impulsar con tanta ilusión el proyecto. Porque aun siendo independientes, las tres historias aquí reunidas forman una secuencia que contemplada en su conjunto constituye un homenaje a la gente de mi ciudad, Getafe, y en ella a la gente de todas las ciudades que rara vez son protagonistas. Esas que a menudo suelen mirarse con condescendencia y prejuicio, y que aquí, en cambio, se erigen sin complejos en el espacio natural de cuanto ocurre y se cuenta. Por otra parte, la presente edición viene a normalizar estas tres novelas, sacándolas del reducto en que tiende a confinarse a la literatura juvenil, como si fuera de menor categoría o ambición que la otra. Para mí, esta Trilogía no supone un empeño menor que cualquiera de mis novelas para adultos, y mi aspiración es que llegue no sólo a los adolescentes que ya la han acogido y le han permitido con su generosidad seguir viva durante una década. Espero que merced a esta edición Laura y sus compañeras, y su ciudad, Getafe, que da título a la trilogía, puedan alcanzar el corazón de quienes hasta ahora no sabían de su existencia. No son más, ni mejores, que otras chicas u otras ciudades. Pero tampoco menos.

 

  Barcelona, 6 de septiembre de 2007

 

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