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25 mayo, 2019

Auge y caída de un feminista @elmundoes

 

 

A estas alturas de su existencia, recién iniciada la tercera edad, son varias las vidas que se le ha concedido vivir a este hombre que responde al apodo de Josu Ternera. Vivió una, muy activa, como miembro destacado de una organización dedicada a la extorsión y el asesinato, aparte de otras industrias accesorias. Luego se las arregló para ser parlamentario, incluso para que personas con nombre y apellido que no lo deberían olvidar, ni debería olvidarse quiénes fueron, lo hicieran presidente de una comisión de derechos humanos, sin que fuera óbice para ello su actividad anterior. Ocurrió sin embargo que afloró de su pasado un asuntillo incómodo, un atentado indiscriminado que provocó, entre otras, la muerte de media docena de niños, y cuando lo convocaron para rendir cuentas al respecto prefirió escurrir el bulto e inició una tercera vida como prófugo, en la que anduvo década y media. Descontento con ella, probablemente, aún se permitió una cuarta reencarnación: como lector -no demasiado fluido ni competente- del comunicado con el que lo poco que quedaba del grupo de extorsionistas al que perteneció anunciaba el final de su lucha, arrogándose de paso el privilegio de poner, a su modo y a su conveniencia, el punto final de la historia.

El hecho, que habría sido cómico si no fuera trágico -por cómo se llegó a él, hace pensar en quien después de recibir una paliza y recoger del suelo todos los dientes se permite decir que no va a seguir castigando a su contrincante-, representaba un alarde de vanidad y una provocación. Vanidad por la parte del huido que así conseguía volver a ser alguien, al menos ante los suyos, aunque su lectura fuera torpe y la notoriedad que le reportaba no pasara de lo simbólico. Provocación porque la reivindicación del derecho a la última palabra la protagonizaba alguien que había conseguido eludir la acción de la justicia, y porque en su mensaje final la organización antaño dedicada al crimen no se privaba de declararse feminista, entre otras perlas de difícil digestión. Lo que empezó con unos tiros por la espalda y siguió con cientos de muertes alevosas terminaba, con el más pasmoso de los oportunismos, apuntándose al #MeToo.

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