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19 agosto, 2018

Gala Placidia, vecina de Barcelona (vidas.zip en @elmundoes )

 

 

Hay en Barcelona una plaza dedicada a Gala Placidia, entre los distritos de Gràcia y Sarrià-Sant Gervasi. Cabe preguntarse cuántos barceloneses de hoy tendrán idea de quién fue la mujer de carne y hueso, antigua vecina de la ciudad, a la que se hace semejante honor en su callejero. Desde luego, no puede decirse que fuera una cualquiera: hija del último emperador que reunió bajo su poder todos los dominios de Roma, Teodosio el Grande, a Elia Gala Placidia, que tal era su nombre completo, también se le otorgó el privilegio de ceñir la corona del primer -y, según se mire, último- reino que tuvo como capital a Barcelona.

Es un reino poco recordado, pese a su antigüedad, nada menos que 1.600 años. Quizá sea porque no sirve para reclamar lo que se supone que ha de reclamarse, esto es, una Cataluña desligada del resto de su marco geográfico natural. De hecho, el reino en cuestión, recibido del visigodo Alarico por su sucesor y marido de Gala Placidia, Ataúlfo, que la desposó mientras la hija del emperador era su rehén, se iba a extender pronto al todo único que para las gentes de entonces ya constituía la llamada Hispania, que con diversos vaivenes y perturbaciones -suevos vándalos, ostrogodos, bizantinos- se mantuvo bajo el dominio de ese rudo pueblo germánico durante tres siglos, hasta que las fuerzas arabobereberes bajo las órdenes del yemení Musa Ibn Nusayr la conquistaron y la convirtieron en su Al Ándalus.

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