El ángel oculto

  1. El resumen del editor

    Impulsado por una serie de acontecimientos que él interpreta como señales -la muerte de su perro, la infidelidad de su mujer, un hombre vendiendo pañuelos en un semáforo, un sueño- el protagonista de esta novela decide dejarlo todo e irse a Nueva York, con el vago designio de iniciar algunos estudios o, simplemente, a esperar algo que haga cambiar su vida.

    El hallazgo casual de un libro escrito por Manuel Dalmau, un español emigrado a Estados Unidos a principios de los años veinte, le proporciona el primer indicio de cuál era la verdadera finalidad de su viaje. Sus tentativas por localizar al autor le llevarán a conocer a una mujer que le fascina, pero también le involucrarán en una trama de amenazas y misterios. Cuando por fin conozca a Dalmau y las razones que le impulsaron a abandonar España, su destino se verá inexorablemente ligado al del anciano, en un viaje interior que le hará comprender los poderosos vínculos que nos unen a los nuestros y a la tierra que nos vio nacer.

  2. Un apunte del autor

    Esta novela fue escrita entre marzo de 1996 y febrero de 1997. El 6 de enero de este último año, cuando La flaqueza del bolchevique resultó finalista del premio Nadal, estaba en la recta final de su escritura, y recuerdo como uno de los mayores esfuerzos de concentración de mi vida el haber seguido con ella, hasta acabarla, a despecho de todo el jaleo exterior. El libro reúne en una sola historia una variedad de elementos, algunos peligrosos: la fascinación por esa ciudad disparatada que es Nueva York, la nostalgia de la patria en los exiliados, la perplejidad del viajero. Es un híbrido entre el relato de viajes y el de intriga, con toques de reflexión existencial. Quizá esa heterogeneidad la ha conducido a ser una de las menos exitosas de mis novelas. Siempre que pienso en ella me resulta irremediable sentir que no ha tenido demasiada suerte. ¿Inmerecidamente?

  3. La cal de la crítica...
  4. ...y la arena

    “…una narración poco reposada que prefiere lo extenso a lo intenso. A todo esto cabría añadir, además, el tono de impresionismo turístico que empaña el relato de la sociedad americana y un estilo alambicadamente notarial que con frecuencia, como diría el Mairena de Antonio Machado, recurre a escribir los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa para decir lo que pasa en la calle“.

    Javier Rodríguez-Marcos, Qué leer.

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