El déspota adolescente

  1. El resumen del editor

    El déspota adolescente, que supone la primera aproximación a la narrativa breve de Lorenzo Silva, es un conjunto de relatos donde el autor condensa su mejor prosa y deja entrever algunas de las claves de su imaginario literario. El libro está compuesto por dieciocho cuentos escritos en el transcurso de los últimos catorce años y que, en diferentes gradaciones, tienen como elemento común la relación que establecen sus protagonistas con la juventud, ya sea con nostalgia -en muchos casos la mirada al pasado sirve como catártico rudimento de historias que han marcado la vida de los personajes-, con resignación ante su poderoso influjo o con rechazo. El déspota adolescente es, además del relato que da título a este volumen, el icono perfecto de esa íntima inmadurez de la que nunca, pese a los más elaborados roles de adulto que podamos desempeñar, y pese al ineludible paso del tiempo, conseguimos desprendernos totalmente.

    La hija de un militar republicano que evoca a su padre, un canónigo que se duerme en la homilía y recuerda su vida llena de claroscuros, un lupanar de Marrakech donde se cuentan las más bellas historias de amor o un forastero que responde al reclamo de una cita a ciegas son algunos de los personajes y peripecias de Lorenzo Silva que demuestran que con pequeñas historias se puede conseguir gran literatura.

  2. Un apunte del autor

    Este libro va precedido de un prólogo, que creo que es la mejor presentación que puedo incluir aquí:

    Los relatos que integran este libro fueron escritos a lo largo de un periodo de catorce años, entre 1989 y 2003. Su creación respondió a estímulos diversos y confieso que en absoluto sistemáticos: a veces fue una petición, en ocasiones una novela más o menos frustrada de la que el relato en cuestión pudo o quiso desgajarse, y en algún caso (no muchos) la voluntad espontánea de escribir un cuento. Siempre me he sentido, ante todo, novelista, y he recelado de mis aptitudes para desarrollar con brevedad lo que a mi juicio debe tener una narración: personajes, emociones, tiempo, propósito. Por eso no me he volcado con el género corto ni lo frecuento, y por eso, deducirán los malintencionados, quizá no debería existir este libro. El hecho de que exista debe mucho a los lectores que llegaron a algunos de estos cuentos por un camino ajeno al tradicional. Me refiero a aquellos que los leyeron en una página de Internet, www.lorenzo-silva.com, donde más o menos subrepticiamente los fui colgando para ver qué pasaba, y quizá para archivarlos en ese extraño éter del ciberespacio, que es una forma de ser sin ser del todo. Pero sucedió que no pocos de esos lectores cibernautas me mandaron opiniones generosas, y a veces exhortaciones vehementes a dar los cuentos a la imprenta. Entonces empecé a dudar. Y ésa es, en última instancia, la razón por la que, sin abandonar su alojamiento ciberespacial, aquellos relatos, en compañía de algunos otros, pasan hoy al papel. Quiero dejar constancia de ello para que se sepa a quién se debe este libro, aunque no pretendo traspasar a nadie mi culpa. Nuestros crímenes nos corresponden para siempre, aunque nos absuelvan de ellos. Decía al principio que estos relatos fueron surgiendo cada uno por su cuenta, al menos en mi conciencia. Sin embargo, he considerado que podía reunirlos porque a la hora de releerlos, y de repasar así los catorce años de escritura que representan, me ha parecido advertir un hilo de continuidad, acaso inconsciente. A ese hilo responde el título, tomado del texto que cierra el libro, y que fue el primero que escribí. Todos estos relatos aluden, en mayor o menor medida, a la juventud, o si se quiere, a la inmadurez. Sus personajes la añoran, tratan de rechazarla o aceptan su pervivencia; ya sea como una forma de pureza o como una forma de condenación. Pero en todo caso, se sienten sujetos a ella. Muchos de ellos reconocen no haberla superado, porque hablan consigo y consigo uno siempre dice verdad, aunque esa verdad difiera de lo que conviene que los demás crean de uno. Vivimos, envejecemos, acumulamos experiencias; pero nunca vencemos del todo nuestra perplejidad inicial, nunca nos sacudimos de encima a ese déspota adolescente que se impone a nuestras canas, a nuestros logros y a nuestros fracasos. Ésa es la idea (atroz o esperanzadora, según el gusto del consumidor) que, sin yo querer, fue componiendo este libro. Y por eso he creído que debía anotarla aquí.

    Puede que sea útil para alguien tener la lista de los relatos que componen este libro. Ahí va:

    1. Fábula de Polito y Gamboa. 2. La tentación de Spinoza. 3. La cabezada del canónigo. 4. Sigurd el elegido. 5. En Arcadia. 6. El precio de su recuerdo. 7. Nada que perder. 8. El sabor del aire. 9. Una conquista. 10. Un ingeniero para Jalima. 11. Las dos princesas. 12. Liberty City. 13. Los finales de don Justo. 14. La herencia del vencido. 15. Negra historia de carnaval (Variación sobre un fragmento de Fermín Galán). 16. Operación Termópilas. 17. Un fantasma de Arcadia. 18. El déspota adolescente.

    En la edición de bolsillo de Booket, de 2007, se añadió un apéndice con otros dos: Sonríe, mamá y Contártelo, Adela.

  3. La cal de la crítica...

    “Lorenzo Silva ha concebido unos cuantos relatos dignos de mención y de ser tenidos en cuenta como el producto de alguien seguro, competente e inspirado en este exigente género. El autor prologa su libro con unas palabras que ayudarán al lector a desentrañar estos relatos. Nos dice que hay un hilo conductor en todos ellos: la juventud, o si se quiere, la inmadurez. Si uno lee Negra historia de carnaval (variación sobre un fragmento de Fermín Galán), Liberty City u Operación Termópilas (éste especialmente recomendado para quienes quieran ver cómo se puede escribir un relato en primera persona abordando temas espinosos y de extrema sensibilidad moral) podrá disfrutar del arte del argumento insospechado y del sentido de la revelación. Los personajes que pululan por estos relatos, impecablemente escritos, llevan a cuestas la juventud perdida como una maldición, no la juventud que se ha ido irremediablemente sino la que han dejado escapar a su conciencia. En los cuentos En Arcadia, Un fantasma de Arcadia y el que da título al libro, tan buenos como los citados arriba, el sentido de la inmadurez recuperada es siempre la prueba de una lucidez tardía. Algo secreto e inexplicable une a la belleza y la dulzura que se tuvo en los años jóvenes con la impotencia y la indolencia del presente desde el cual se las extraña. Esa inesperada conjunción es uno de los mayores hallazgos de este libro.”

    J. Ernesto Ayala-Dip, Babelia.

  4. ...y la arena

    Por ahora, no tengo muy malas críticas de este libro. Apunto esta de cal y arena mezclada:

    “Tiene razón Lorenzo Silva al decir que “Siempre me he sentido, ante todo, novelista”. Pero ha decidido publicar en libro estos relatos, que ya tenía colgados en Internet, alentado por las sugerencias de sus lectores y porque entiende que hay un hilo de continuidad entre ellos cifrado en la añoranza de la juventud, con actitudes de aceptación o de rechazo que muchos personajes de estos cuentos descubren. Así es, desde la irrenunciable defensa de la libertad del pensador en “La tentación de Spinoza” y el sueño de pasados fervores amorosos en “La cabezada del canónigo”, entre los primeros, hasta “El déspota adolescente”, el último y uno de los mejores (aunque, según confesión del autor, fue el primero que escribió), por su inquietante expresión del desarraigo a causa de la pérdida de la juventud y la permanente insatisfacción en la soledad presente y la búsqueda de la belleza. Sin embargo, hay que reconocer que esa pretendida unidad, basada en el recuerdo de pretéritos ideales y amores juveniles, constituye un nexo débil que no afecta a todos los textos, por más que, en algún caso, se repitan personajes en dos narraciones, como ocurre con los dos amigos estudiantes en un instituto y enamorados de su profesora de Literatura en “Arcadia” y “Un fantasma de Arcadia”. Y lo más grave en el difícil arte del cuento: muchos de los aquí reunidos, más que cuentos elaborados en su necesaria concentración, intensidad y capacidad de sugerir, parecen lo que en teoría del relato se llaman resúmenes narrativos en los que se relatan acciones sin el imprescindible detenimiento. Mas también hay que proclamar que los 18 cuentos están escritos con la mejor prosa del autor, caracterizada por su esmerada corrección, fluidez, naturalidad, versatilidad y gracia expresiva. Hay cuentos de extensión muy diferente, desde los más breves, “Una conquista” y “Un ingeniero para Jalima”, con sus efímeras experiencias de amor (más la denuncia clasista en el primero y racista en el segundo), hasta los más largos, “La herencia del vencido” y “Operación Termópilas”, que bien podrían dar lugar a sendas novelas cortas. En realidad, estas dos narraciones, que también deben figurar entre lo mejor del libro, ofrecen un resumen de la historia de España en la segunda mitad del siglo XX.”

    Ángel Basanta, El Cultural.

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