La flaqueza del bolchevique

  1. El resumen del editor

    El protagonista y narrador de esta historia se empotra contra el descapotable de una irritante ejecutiva un lunes a las ocho de la mañana. Ciertamente, él se distrajo un poco, pero ella no tenía por qué frenar en seco ni, desde lue o, escupirle todos los insultos del diccionario. Por ello, y para hacer soportables las tardes de aquel bochornoso verano, decide dedicarse «al acecho y aniquilación moral de Sonsoles». Gracias al parte del seguro, consigue su teléfono, lo que le permite varias llamadas disparatadas. También se complace en espiarla, y así conoce a su hermana de 15 años.

    Aunque el protagonista no tiene ninguna fijación con las jovencitas, conserva un retrato de las hijas del zar Nicolás II. Le atrae especialmente la duquesa Olga y a menudo se pregunta qué debió de sentir el bolchevique encargado de matarla. Él, a su vez, experimentará una poderosa atracción ante la cálida sabiduría de Rosana, y una debilidad que se revelará mucho peor que cualquier accidente.

    La flaqueza del bolchevique sería una novela absolutamente cómica si no fuera por el carácter inquietante que adquiere a medida que se complican las argucias del protagonista. Un ritmo ágil permite a Lorenzo Silva una historia a caballo entre la comedia, la intriga y el melodrama. Pero acaso su mayor logro sea el retrato de Rosana, una nínfula distinta de todas las nínfulas, más allá de la generación X, Y o Z y que hace flaquear -y perder el equilibrio- al lector más displicente.

  2. Un apunte del autor

    Esta novela fue escrita entre marzo y julio de 1995. Una época difícil, en la que empezaba a sospechar (después de haber visto cómo el sello editorial que acababa de publicar mi primera novela era cerrado por orden judicial) que la desventura acompañaría con paso firme todos mis esfuerzos literarios. Paradójicamente, y después de ser rechazada por tres o cuatro conocidas editoriales, La flaqueza del bolchevique cambiaría el curso de mi carrera como escritor profesional al quedar finalista del Premio Nadal en 1997, y tendría una larga vida en la que incluso conocería su adaptación al cine, en la película dirigida por Manuel Martín Cuenca y protagonizada por María Valverde cuyo cartel ilustró la reedición de bolsillo de 2003.

  3. La cal de la crítica...

    “… la sensación de limpidez que produce la novela, con numerosos pasajes que difícilmente podrían alcanzar una forma más precisa, una belleza más exacta e irrenunciable.

    La flaqueza del bolchevique es una historia amarga y, a la vez, un relato divertido, porque el autor ha manejado con maestría sus recursos, que no son pocos, para evitar cualquier deslizamiento hacia la vertiente sensiblera (…) Pero conviene no dejarse engañar por esa faz lúdica, que es sólo una cobertura, aunque excelentemente tramada y sostenida. Hay mucho más, y más trascendente, debajo de ella: el descubrimiento del otro y del sentimiento amoroso, el aprendizaje del dolor, la conquista del recuerdo, la convicción alcanzada de que “un hombre no es más que los pedazos de sí que ha entregado en su sacrificio por otros”. Existe también en estas páginas la confirmación de un novelista, de un excelente narrador del que cabe esperar aún mucho más”.

    Ricardo Senabre, ABC.

  4. ...y la arena

    La flaqueza del bolchevique no es una historia de amor desesperado y total, un retrato de la pasión al límite, como Lolita, sino una crónica algo desganada del deseo sexual a lo Rodríguez. El referente más cercano de la peripecia amorosa que describe la novela de Silva podría ser la literatura sensacionalista del tipo me ocurrió a mí, tan recurrente en las revistas femeninas, aderezada con unas gotas de tremendismo amarillo de El caso.”

    José Luis Piquero, Clarín.

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