La reina sin espejo

  1. El resumen del editor

    La aparición de una mujer apuñalada en un pueblo de Zaragoza podría ser un trabajo más para el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro, pero éste es un caso fuera de lo común; la víctima es Neus Barutell, una célebre periodista casada con un consagrado escritor catalán, lo que atrae a la prensa más sensacionalista y somete a los investigadores de la Guardia Civil a una dosis suplementaria de presión. En estas peculiares circunstancias, Bevilacqua y su compañera deberán remover con sigilo las entrañas de una vida pública más allá de las apariencias y sumergirse en las flaquezas e inseguridades que se escondían tras la imagen solvente e impecable de la víctima. También será necesario rastrear con detalle sus últimos trabajos periodísticos. Las pesquisas llevan a nuestros protagonistas a Barcelona y las primeras pistas apuntan a un crimen pasional en un mundo de vanidades, lleno de tapujos y secretos y con ramificaciones hasta los sórdidos bajos fondos de la ciudad.
    La reina sin espejo nos sumerge en una indagación compleja y fascinante en la que los guardias civiles deberán, entre otras muchas cosas, dilucidar enigmas literarios de Alicia a través del espejo, desentrañar relaciones cibernéticas y colaborar con la policía autonómica catalana para llegar a la resolución de un caso espinoso y difícil.
    Lorenzo Silva trasciende con esta novela el género policíaco en un texto colmado de intrigas, bajas pasiones e ironía y lo conjuga con su prosa más conseguida y acertada hasta el momento.

  2. Un apunte del autor

    Aquí está, tres años después de la anterior (lo que no me parece un mal intervalo), la cuarta novela de Chamorro y Bevilacqua. A estas alturas, quizá no tiene mucho sentido que me extienda sobre qué son y qué representan para mí. Han sido mis embajadores para llegar a miles de lectores y para hacer de la literatura el gozo compartido que a mí me gusta creer que es. Ésta es la novela más larga, compleja y acaso también la que más ahonda en los personajes. Pero procuro que siga siendo divertida, interesante, atractiva, etcétera. Y rabiosamente apegada a la realidad presente. Con todos sus misterios y paradojas, y con todas las novedades que hacen del trabajo de los policías algo muy diferente de lo que era hace sólo tres o cuatro años. Me gustaría que esta historia, aparte de para entretener, sirviera para reflexionar sobre esta extraña civilización que estamos construyendo en los albores del siglo XXI. Donde la gente, de puro hipercomunicada, está más sola que nunca, y donde aquellos que consiguen sus metas se sienten a menudo fracasados. Y si alguien me pregunta cuándo será la quinta novela, pues al menos en un tiempo a los guardias les toca descansar, y a mí hacer otras cosas.

  3. La cal de la crítica...

    “Lorenzo Silva, no cabe ninguna duda, se encuentra a sus anchas con el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro, dos guardias civiles que han protagonizado ya cuatro novelas largas y un volumen de relatos cortos. El lector celebra enseguida que un escritor domine un ámbito y se mueva bien en él con una manera inteligente de actualizar el viejo género policíaco conectando el denominado thriller (intriga con investigación criminal) con la sociedad de su momento. (…) La novela funciona con gran gozo, por los ingredientes habituales de Silva: sabe narrar con la naturalidad de siempre, produce unos diálogos especialmente sabrosos, crea situaciones en las que ha crecido la ironía, sabe incluso salir airoso de otras muy difíciles, como es el tratamiento de lo catalán y los prejuicios latentes sobre el nuevo orden político autonómico. La intriga está muy bien graduada, ha añadido las escenas de los interrogatorios, que me parecen soberbias, ha dibujado buenos personajes, como el matrimonio objeto de la investigación, y ha acentuado algo que ya se veía venir en La niebla y la doncella: Bevilacqua comienza a acusar el paso de los años, incluso también su ayudante la cabo Chamorro. Han crecido ambos en dimensión. Pero lo que me parece decisivo es que esta novela incorpora elementos fundamentales vinculados a una gran urbe como Barcelona. En esta entrega emerge con fuerza la sociedad de los últimos años, con nuevos delitos como la prostitución nacida de la explotación del inmigrante, y por supuesto con nuevos medios, como es el uso muy inteligente que Lorenzo Silva sabe hacer de una muy precisa información sobre los chats de Internet, y las muchas posibilidades que los móviles han dado a la investigación criminal. De forma que Lorenzo Silva no se ha quedado en el éxito fácil; el éxito, que lo tendrá, se lo ha ganado con una sensibilidad muy a flor de piel respecto a las nuevas realidades sociales que la Guardia Civil de 2005 tiene entre las manos. Eso me permite ir a otro punto que estimo sobresaliente: el modo como Silva ha tratado la cuestión catalana, y las rivalidades de Guardia Civil, Mossos d’Esquadra, policía, etc., esto es, metiéndose en la boca del lobo de la nueva situación política, que ha tenido que lidiar muchas refriegas fronterizas porque las competencias cedidas han dibujado otro escenario para la propia Guardia Civil. La novela trata el asunto con cuidado exquisito, pero no deja nada sin decir respecto a todos los problemas de esta nueva situación en esta España nuestra, plagada de conflictos nuevos y de cambios. En esto, en saber contarlo, en poblar la novela de diálogos donde el lector lo va viendo es en lo que Silva ha dado otro tirón de crecimiento en su serie, que veo cada vez mejor.”

    José María Pozuelo Yvancos. ABCD

    “Lorenzo Silva lleva ya cuatro libros policíacos protagonizados por dos guardias civiles, el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro. En principio fue una idea acertada, que entrañaba no poco riesgo de parecer una ocurrencia, pero esa intuición le ha ido creciendo pienso que en su cabeza primero y luego, en consecuencia, en los libros. Así, tras media docena de casos resueltos en esas obras ha venido a dar en dos personajes de una plenitud absoluta, ricos en motivaciones personales, conflictivos sin exageraciones, densos y cálidos, al llegar a La reina sin espejo. Lo de plenitud vale, además, para la novela entera: por sus personajes (esos protagonistas y también otros guardias y varios seres más vinculados al crimen que se cuenta en esta ocasión), por la enjundia del argumento, por el ritmo de desarrollo de la anécdota, por la dosificación del suspense, por la congruencia en el esclarecimiento del delito y por el entorno de la acción. También, claro, por el estilo, elaborado sin perder naturalidad. La anécdota de La reina sin espejo gira en torno al asesinato de una famosa periodista casada con un escritor consagrado. Este núcleo se decanta al fin hacia una trama de corrupción policial y de explotación sexual, pero antes se interna en algo inédito en Silva, si no recuerdo mal, una base especulativa de tipo culturalista. El título del libro alude a los nexos existentes entre la víctima del crimen y el sentido de la vida expuesto por Lewis Carroll en la continuación de la famosa Alicia en el país de las maravillas. Esto da pie a comentarios digresivos, casi miniensayos de exégesis literaria, que, aunque enriquezcan una trama delictiva, andan en el límite mismo del añadido forzado o excesivo. Eso hizo Eco en su popular novela, pero su trama y sus personajes lo exigían. El caso de hoy se emplaza casi entero en Barcelona, y eso da pie a observaciones no poco interesantes sobre la complejidad de la transición policial catalana, planteadas aquí con olfato de narrador atento a las cosas del día que atraen a un lector común. Por otra parte, la intriga indispensable en una novela negra se mantiene como factor sustancial y tiene el peso que le corresponde, pero a la vez Bevilacqua tiende a independizarse de su trabajo al dar mucha importancia a la memoria de un pasado conflictivo. El conjunto de los factores señalados da como resultado un libro excelente, un relato ameno sin perjuicio de las cuestiones psicológicas, existenciales o sociales que aborda. Permite el placer de disfrutar de una buena historia, asegura un entretenimiento que nunca dejará de ser sustancia de este género y muestra de forma vivaz algunas parcelas del comportamiento humano”.

    Santos Sanz Villanueva. El Cultural.

    “La serie de novelas protagonizada por el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro llega a la cuarta entrega. No es sorprendente la seducción que estas historias ejercen sobre el lector viendo cómo el autor va espesando y puliendo con mimo el carácter de los dos investigadores y mostrando su evolución a fuerza de crudas experiencias. A cada nueva entrega, se enriquece la relación que mantienen entre sí con el añadido de nuevos y suculentos detalles. Hay un factor que amplía las perspectivas de la serie y es que el narrador, nuestro querido sargento, ha mejorado en su capacidad para contar historias y ha acrecentado el caudal de referencias literarias empezando en esta novela por la más evidente, la de Alicia a través del espejo, transparente en el título y fundamental para la resolución del caso policíaco. Corresponde en esta ocasión a Barcelona ser el escenario principal del relato. Hay el propósito de captar en toda su profundidad la ciudad viéndola desde las alturas de la Sagrada Familia (cuya silueta ilustra la portada) o el Tibidabo, pues al ver la ciudad desde arriba es “como si estuvieras y no estuvieras en ella”. Por la ciudad se despliegan los mossos d’esquadra y los conflictos de competencias con la Guardia Civil y la Policía Nacional ocupan un lugar importante en la novela y se comentan por extenso. El autor, bien claro queda, opta por la promoción de la concordia y las buenas relaciones; también muestra interés, en el resto de la serie, en presentar a los guardias civiles como seres normales con sus virtudes y sus defectos pero bien alejados de los estereotipos habituales. No estamos ante una novela policiaca al uso, pues es más una historia de policías que de ladrones. Resaltan en ella los aspectos técnicos de la investigación, la manera en que se procede al examen de los ordenadores de la víctima, el seguimiento detallado de las llamadas efectuadas a través del móvil o las cuestiones que se suscitan respecto a la relación entre el investigador y la autoridad judicial. A ello deben añadirse las largas conversaciones entre los diferentes personajes, todas ellas en un registro coloquial muy creíble. Son diálogos poco frecuentes en las obras del género pues no están destinados al progreso de la trama criminal sino al mejor conocimiento del carácter de los policías”.

    Lluis Satorras, Babelia.

    “Cualquier padre que se precie tiene que hacerse responsable de sus hijos, criarlos con todo cariño, enseñarles a manejarse solos y acompañarlos cuando el tiempo empieza a pasarles factura. Lorenzo Silva demuestra ser un padre excelente en esta cuarta entrega de las andanzas de su vástago Bevilacqua, siempre escoltado por la cada vez más curtida cabo Virginia Chamorro, y no lo demuestra sólo por seguir al lado de este atípico sargento de la benemérita, sino por concederle todas las páginas que precisa en el momento en el que dos grandes fantasmas se prestan a hincarle el diente a su ánimo: la crisis de los cuarenta y el regreso a Barcelona para enfrentarse, además de con un caso singular, con los vestigios de su pasado. El asesinato, brutal y teñido de lujuria, de la presentadora Neus Barutell será el detonante que lleve a la pareja hasta la ciudad condal previo paso por Zaragoza. El caso, como tal, no parece el más enrevesado que han afrontado los dos investigadores, o será que su pericia ha crecido ya tanto que al lector al menos no se lo parece, pero lo que sí brilla en esta novela es la evolución de ambos, ya que nos muestra a un Vila más sosegado, casi tanto como su prosa, acusando los embates de los años, y a una Chamorro que se le va pareciendo más con el tiempo, coqueteando con la soledad en una especie de ósmosis con el carácter de su superior. No le falta a la trama ninguno de los guiños del género, y los métodos de trabajo se actualizan al hilo de los tiempos, con grandes bazas jugadas con maestría por su creador en el tapete cibernético. Ni Lorenzo Silva ni sus criaturas le han vuelto nunca la espalda al fondo sociológico, y no lo hacen tampoco en esta ocasión, demostrando no sólo que es posible la colaboración entre las fuerzas de seguridad centrales y las autonómicas, sino también rompiendo una lanza contra tanto anticatalanismo cazurro como se respira ahora en el país, y es que no hay malas regiones sino malos políticos. Pero quizá el mayor mérito, por destacar uno entre todos ellos, radica en esa visión ácida de la trastienda humana, ya sea la que lleva cometer un crimen, a bucear en la literatura como desahogo y como pista, o a tener que asumir que hay puertas en el pasado del sargento que ya nunca volverán a abrirse. Por fortuna, y a pesar de los cuarenta, habrá Bevilacqua para rato”.

    Antonio Parra Sanz, La Verdad.

  4. ...y la arena

    “La creciente densidad discursiva de Bevilacqua le lleva a comentarlo todo; en cierta manera, y bajo el pretexto de su vieja condición de psicólogo (pese a las distancias que establece respecto a ella), acaba por ir moralizando en exceso. Claro está que Silva quiere ahondar en lo social y se le nota mucho su ansia de salir del mero caso policíaco, pero no siempre es igual de afortunado en los discursos reflexivos, que ahora incluso se han deslizado hacia lo metaliterario. Bevilacqua ya no es sólo psicólogo, también es un gran lector, hasta de un relato muy poco conocido de Hermann Broch. Y esa vertiente arroja sobre la novela un peso que la hace más grave y que no siempre le beneficia.”

    José María Pozuelo Yvancos. ABCD

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