Sereno en el peligro

  1. El resumen del editor

    Escribir de la Guardia Civil es escribir de España. Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil ofrece un recorrido por el devenir español, desde 1844, en busca de una línea vertebradora que nos explique lo que de excepción tiene un cuerpo de seguridad pública que se conoce con el apelativo de benemérito: sus peculiaridades, sus claroscuros, sus miserias y, pese a todo, sus glorias. Lorenzo Silva, que ya conoce el éxito con sus novelas sobre los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, se aventura por el ensayo en busca del “carácter de esta peculiar institución y de los hombres, y más recientemente mujeres, que la integran”.

    Contra los tópicos más arraigados, que sobre el Cuerpo existen, esta obra presenta una interpretación personal del papel histórico de la institución. Muchos españoles todavía la ven como una entidad reaccionaria, cuando en realidad es una creación de la España liberal y ha sido históricamente motor de progreso.

    Lorenzo Silva, con amenidad y trazo firme, nos guía por los vericuetos de la intrincada, cuando no tergiversada, historia de los españoles en los ciento sesenta y seis años en que los hombres del duque de Ahumada patrullan en pareja.

  2. Un apunte del autor

    Esto no es, ni pretende ser, una historia de la Guardia Civil. De hecho, ni siquiera cabe considerarlo un libro de Historia, aunque ésta sea en buena medida la sustancia que lo alimenta y que el lector podrá encontrar más de una vez entre sus páginas. Sería por mi parte presuntuoso y absurdo, careciendo de los pertrechos necesarios y sin haber dedicado al asunto los esfuerzos debidos, competir con quienes a esta fecha se han ocupado de estudiar con empeño y rigor científico el devenir de un cuerpo tan implicado en la historia reciente de España.

    Este libro nace con una ambición más modesta, o más atrevida, según se mire. La de ofrecer una síntesis divulgativa, destinada al lector general, de los principales acontecimientos que fueron conformando, a lo largo de sus más de 160 años de existencia, el carácter de esta peculiar institución y de los hombres, y más recientemente mujeres, que la integran. Unos acontecimientos no siempre bien conocidos, a menudo simplificados y no pocas veces objeto de consciente o inconsciente manipulación. A partir de ellos, me propongo esbozar una reflexión, por fuerza personal, en tanto que libre, sobre la significación que ha tenido y tiene la presencia de la Guardia Civil en la realidad española de los últimos dos siglos. La intención nace de la convicción de que esa significación no es en absoluto irrelevante, y de que por el contrario la actuación de los guardias civiles, en el discurrir cotidiano y los momentos excepcionales vividos por este país desde la fundación del cuerpo, constituye un fenómeno cuya singularidad y trascendencia quizá no hayan sido, hasta aquí, ponderadas como se debiera desde fuera de las filas beneméritas. Por si hiciera falta, y para lo que pueda valer, aclaro que quien esto escribe ni es ni ha sido guardia civil, ni pertenece de ninguna manera a la familia del tricornio, salvo que se compute como tal circunstancia el hecho de que el marido de una de mis tías abuelas lo llevara durante un breve periodo de tiempo, hasta 1936 (es decir, treinta años antes de que yo viniera al mundo).

    Esta mirada desde fuera, que me resta conocimiento de causa a otros efectos, me permite sin embargo contar con la distancia suficiente como para tratar de entresacar los hechos que pueden servir para bosquejar una visión global de la Guardia Civil desde la perspectiva del ciudadano, así como para ensayar un balance de su pasado y de su presente no contaminado por agravios o reivindicaciones de raíz corporativa. Lo que no quiere decir que vaya a ser objetivo, porque nadie lo es y porque no niego mi predisposición a emitir un veredicto en términos generales favorable. Lo que trataré de justificar, tanto con los hechos históricos como con mi capacidad de razonamiento, es que ese veredicto no surge del capricho, ni de la necesidad de satisfacer otra deuda que la que se deriva de observar la realidad con afán de justicia y procurando no dejarse cegar por prejuicios ni acomodarse a los estereotipos de larga pervivencia y más o menos general aceptación.

    Naturalmente, no he llegado aquí por casualidad. Quizá alguno piense, al ver un libro sobre la Benemérita firmado con mi nombre, en que desde hace algunos años vengo publicando novelas policiacas protagonizadas por un par de investigadores de la Guardia Civil. Pero eso no es la causa, sino una consecuencia más de una mirada estimulada por una serie de experiencias previas a la invención de esos personajes. Ya decía Descartes que una forma de conocimiento es proceder desde los hechos particulares para, a partir de ellos, tratar de inferir categorías generales. Ésta ha sido, en buena medida, mi manera de acercarme a los guardias civiles y de ir forjando la noción de ellos, y de la institución a la que pertenecen, que inspira este libro.

    Que individuos distintos, en circunstancias y contextos también dispares, obren con arreglo a un carácter común, tan marcado y tan identificable, no es, no puede ser en modo alguno fruto del azar. El carácter que todavía hoy, y a lo largo de la Historia, como trataremos de exponer, ha impregnado la conducta y la ejecutoria de los guardias civiles, con todas las salvedades y todos los altibajos que se quieran, y que también se consignarán, es el resultado de un designio y de una conjunción de factores de veras excepcionales. Por lo menos, en el contexto del zarandeado, atribulado y a menudo decepcionante país en el que a estos hombres y mujeres les tocó prestar sus servicios.

  3. La cal de la crítica

    Lorenzo Silva (Madrid, 1966) no ha escrito un libro de historia. Lo advierte desde la primera línea de este libro pero nos ofrece, a cambio, un estupendo relato de la trayectoria histórica de la Benemérita y de su profunda significación en la construcción del Estado moderno español. La historia de la Guardia Civil, por otro lado, cuenta ya con autores muy reconocidos, entre los que Silva destaca a Francisco Aguado Sánchez y Miguel López Corral. La síntesis de divulgación, que nos presenta Edaf supone, además, un muy cuidado trabajo de edición enriquecido por unas ilustraciones gráficas de excelente calidad y un apéndice gráfico a color extraordinariamente sugerente. La creación de la Guardia Civil, en marzo de 1844, tuvo sus antecedentes en la España del Trienio liberal (1820-1823) pero no se concretaría hasta la época del gobierno moderado del general Narváez. De hecho fue uno de los grandes jalones en el proceso de la modernización del Estado liberal que realizaron los moderados desde el poder. Francisco Javier Girón, duque de Ahumada, sería el encargado de formar ese Cuerpo, del que sería su primer director. Con todo, el periodo de mayor efectividad del nuevo Cuerpo coincidiría con el largo periodo de la Restauración canovista, cuando la Guardia Civil secundó decididamente el proyecto político de Cánovas en el que trató de hacer posible un sistema político compatible con el mantenimiento del orden, especialmente en la España rural. Fue entonces cuando la Guardia Civil realizó algunas de sus más conocidas actuaciones, especialmente en la lucha contra el bandolerismo andaluz y cualquier organización que pusiera en peligro el orden social. Con el paso de los años la Guardia Civil pasaría a convertirse en una institución esencial para el control de la vida política y, en abril de 1931, cuando la vida de la nación se conmovía por los resultados de unas elecciones municipales que resultaron claramente desfavorables para los republicanos, la decisión del Director de la Guardia civil de aquel momento -el general Sanjurjo- de ponerse a las órdenes del comité revolucionario, resultaría decisiva para la implantación de la II República. Esta decisión que respondía a la práctica de una actitud siempre deferente hacia el poder, sin injerencias partidistas en la vida política, dividió a la Guardia Civil cuando se produjo la rebelión militar de julio de 1936, antesala de la guerra civil. Hubo quienes apoyaron abiertamente el golpe militar de la misma manera que en otros lugares, como en Barcelona, la actuación de la Benemérita resultaría decisiva para el fracaso de la sublevación. Representantes de esas enfrentadas actitudes podrían ser el general Aranguren o el coronel Escobar, leales a la República y que serían fusilados por Franco, mientras que el capitán Santiago Cortés se convertiría en el héroe de la resistencia del santuario de la Virgen de la Cabeza. Franco, en todo caso, reconduciría a la Guardia dentro de su régimen político hasta el punto de que Silva habla de una verdadera refundación del Cuerpo, contenida en la ley de 15 de marzo de 1940. Sería, desde ese momento, un instrumento decisivo en el mantenimiento del orden público. La Guardia Civil, en todo caso, ha sabido mantener su imagen de eficacia y abnegación y, como ha hecho Lorenzo Silva en el estupendo libro que ahora nos ofrece, al repasar su historia, nos brinda también unas páginas apasionantes sobre la más reciente historia de España.

    El Cultural

  4. ...y la arena

    Hasta aquí, el libro no ha tenido malas críticas en los medios más o menos convencionales.

  5. Comentarios

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