Tres mil metros en la noche

  1. El resumen del editor

    Tomar un retazo de realidad y convertirlo en ficción literaria: ese es el reto al que se enfrenta Lorenzo Silva en esta cincuentena de historias escritas a lolargo de un año (entre la primavera de 2009 y la de 2010) para la edición digital de El Mundo. Un ejercicio para el que en ocasiones se pone en la piel de los protagonistas de la noticia y, en otras, en la de los involuntarios espectadores, en busca de un ángulo nuevo de reflexión sobre la realidad. Así, en el relato fundacional de la serie, escrito justo después de los atentados del 11-S, un trabajador de la torre norte duda si enviar un informe a Frankfurt aun después de haberse estrellado el primer avión en la torre sur. En otro, un hombre que ha sufrido maltratos por parte de su novia ve en televisión cómo el juez decano de Barcelona es acusado de violencia doméstica. En un tercero, una enfermera comete un error que le cuesta la vida a un neonato. Hay historias no tan reconocibles, pero igual de adheridas a la realidad de la época que retratan: la del anciano obligado a jubilarse, la del especulador que ve cómo los inquilinos de sus cinco pisos dejan de pagarle por culpa de la crisis, la del hombre que se tropieza, incrédulo, con una funcionaria eficiente, la de la prostituta que ve en televisión cómo detienen al tipo que la chuleaba. Historias pequeñas y grandes historias sobre un mundo en constante cambio.

  2. Un apunte del autor

    Todo empezó, como tantas otras cosas, el 11 de septiembre de 2001. Ese día, y aún bajo la conmoción por el derribo fabuloso y criminal de las Torres Gemelas, me llamó Manu Llorente, de El Mundo, para pedirme una pieza sobre el atentado. Pero me propuso que hiciera algo diferente, no un artículo de opinión al uso, sino un texto de ficción literaria inspirado en lo ocurrido.

    Así, en caliente, surgió el relato Fijo en la pantalla, que por su valor como antecedente primero de esta serie de ficciones se incluye en el apéndice de este libro. El ejercicio era arriesgado (tratar de hacer literatura, es decir, de escribir algo que trascendiera) a partir de un hecho tan descomunal y cuando estaba tan reciente. Por eso resolví acercarme a dos historias pequeñas, a la vivencia y las emociones de dos personajes atrapados en medio de la barbarie y que con sus avatares individuales servían para dar otra dimensión, más asequible y próxima, a un acontecimiento universal. La experiencia resultó fecunda y estimulante. Ese relato viajó después a mi página web, donde lleva una década, y han sido muchos los lectores que me lo han ponderado en este tiempo.

    Seis años después, Sonia Aparicio, de elmundo.es, me llamó para pedirme un cuento de Navidad, destinado a un especial que iban a realizar con motivo de las fiestas. Instintivamente, se me ocurrió lo mismo, o algo parecido a lo de 2001: buscar una historia que pudiera ser real, de un personaje que resultara emblemático de otros, para hacer una lectura menos convencional y consabida del tema navideño. Así nació Campaña de Navidad, también recogido en el apéndice. Un año después, Sonia volvió a llamarme para pedirme otro cuento, en la línea del anterior, para su especial navideño de 2008. Y de este modo escribí Y próspero 2009, con el que se cierra el apéndice al que vengo refiriéndome, y que ahondaba aún más, si cabe, en el enfoque de los dos precedentes, al tratar de indagar, a partir de dos personajes, en el gran acontecimiento planetario del momento: la crisis económica global.

    Fue a partir de esta tercera experiencia cuando empecé a considerar la posibilidad de escribir de forma regular (la periodicidad semanal me pareció en principio plausible) una serie de ficciones inspiradas en la realidad inmediata, a partir de hechos noticiosos, en principio, pero también de otros que hubieran pasado inadvertidos, y protagonizados tanto por personajes anónimos o desconocidos como por otros que hubieran alcanzado, por el motivo que fuera, alguna clase de celebridad. Fui pronto consciente de los riesgos que implicaba una tarea como aquella. Por un lado, no podía saber a priori si todas las semanas encontraría una historia susceptible de convertirse en ficción literaria. Por otra parte, no estaba seguro de si yo mismo tendría el acierto, el talento y la frescura como para llevar a cabo el proyecto. Entre otras cosas, me empujaba a la duda mi relación más o menos conflictiva con el relato breve, que siempre me ha hecho preferir distancias narrativas más largas, y en particular la que representa la novela.

    Sobre lo segundo, no me corresponde opinar y no lo haré. Sobre lo primero, la experiencia acumulada de 90 semanas (en el momento de redactar estas líneas), me permite decir que el problema fue más bien el inverso del que había temido que tendría: escoger, cada siete días, entre las múltiples historias posibles, y suficientemente poderosas, que iba deparando la actualidad.

    Debo agradecer la casi instantánea complicidad con que Fernando Baeta y Sonia Aparicio, de elmundo.es, acogieron mi propuesta de publicar semana a semana estas ficciones, bajo el nada casual nombre de vidas.zip. Me parecía especialmente apropiado que esta apuesta por llevar la literatura a la prensa (tan inusual en España, fuera de los a veces rutinarios relatos de verano) la hiciera un medio digital, señalando así la diferencia que puede aportar respecto de la prensa tradicional en papel. Y que entre todos estos medios aceptara el reto el primero en difusión y audiencia de los que se escriben en castellano o español es un privilegio del que he procurado usar con rigor y con la debida prudencia.

    No es fácil hacer literatura en caliente sobre hechos reales, en ocasiones dolorosos. Algún problema y alguna incomprensión me ha acarreado el intento: la gente no está habituada a leer textos literarios en los periódicos, los interpreta a veces en sentido demasiado literal y tiende a tomar todo por opiniones del autor, sin distinguir las voces de los personajes. Pero la experiencia fue tan enriquecedora que pronto surgió la idea de recoger anualmente, y mientras durase, el fruto de este proyecto en forma de libro.

    Una peculiaridad: este libro, por ahora, sólo lo tenéis en e-book.

    Podéis comprarlo en muchos sitios. Si queréis tomar un atajo, podéis probar, por ejemplo, en:

    Leqtor.com o casadellibro.com

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