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25 marzo, 2020

Diario de la alarma – Día 10

A esto nos enfrentamos

24 de marzo – Cifras

La cifra de la muerte llega al 3.000. Empieza a estar claro que esto no es una gripe más, como felices e insensatos —o simplemente, ignorantes— nos las prometíamos hace apenas un mes. He leído hoy que en la mayoría de los casos la muerte se produce por sepsis, una reacción desproporcionada del organismo a una infección que lo apabulla. El bichito tiene algo que otros no tienen, quizá simplemente que nuestro cuerpo no guarda memoria de él, como sí la guarda de muchos otros. Y cuando esa reacción desmemoriada se produce en un organismo que por lo que sea —edad, defensas, patologías concurrentes, o cualquier otra grieta— está más expuesto que el resto, su sistema defensivo se atolondra y en poco tiempo colapsa. Y pensar que un virus no es más que un poco de información genética, dentro de un envoltorio de grasa y proteínas, y que esa cosa tan simple y tan pequeña puede echar por tierra una vida, una mente privilegiada, los recuerdos y los sentimientos atesorados en el más largo camino.

Una de las cosas que más me gustaba estudiar cuando estaba en el instituto era la Biología. La cursé hasta COU, y hasta me planteé hacer la carrera. Cuando descubrí que mis pensamientos eran intercambios de iones entre células —o más bien, la resultante de muchos intercambios de iones simultáneos— me pareció fascinante. Me aprendí entre otras cosas el ciclo de Krebs porque me obligó a ello un catedrático algo maníaco que me impartía la asignatura, pero luego celebré sabérmelo, comprender con ese grado de detalle que lo que somos se basa en la bioquímica, porque me enseñó a admirar todavía más la capacidad humana de abstraerse de la realidad y transformarla. En el virus, en este virus, apenas una secuencia de ARN, nos reencontramos con nuestra más rotunda elementalidad, porque se mete en nuestras células, que en lugar de sostenernos empiezan a trabajar para él, para que se replique y prospere hasta el infinito. La mayor esperanza que tenemos, biológicamente hablando, es que los virus tienden a hacerse soportables para sus anfitriones, porque si no mueren ellos también.

Volviendo sin embargo a las cifras: corremos el riesgo de que no nos dejen ver el bosque, de que perdamos de vista las dimensiones de la tragedia. Cada uno de esos tres mil es un mundo que se apaga, y hay personas que empiezan a no poder soportar el espectáculo de tantos mundos apagándose a la vez. A propósito de las residencias de ancianos, hoy salían en la televisión las empleadas de una residencia de Getafe, algunas de ellas enfermas, contando la impotencia en la que viven y trabajan, mientras sus viejitos, como los llamaban, se les mueren y luego pasan horas hasta que las funerarias saturadas pueden ir a recoger sus cadáveres. Mi amigo José me cuenta en un mensaje cómo la directora de una residencia donde ya han muerto catorce, y veinte más están enfermos, poco menos que se le derrumbaba. Los conocía a los catorce, a algunos de años, y los ha visto desfilar uno por uno y a toda velocidad sin poder impedirlo. Alguna negligencia —incluso criminal— habrá habido, entre tantas residencias como hay en España, no todas bien montadas ni atendidas. Pero parte el alma ver a estas personas entregadas de corazón al cuidado de los más débiles, desasistidas y soportando encima el estigma de no estar atendiéndolos en condiciones. José ha visto de todo: desde la masacre del camping de Biescas hasta el accidente de Spanair, donde tuvo que reseñar más de ciento cincuenta cadáveres. Pero me dice que esto lo supera.

Deberíamos todos, y me señalo el primero, juzgar menos a la ligera siempre, pero sobre todo en estos días, tan excepcionales, tan confusos, tan trágicos.

Y sin embargo, no es así. Ahora viene la guerra sobre de quién son culpa los recortes en Sanidad. De todo el mundo, no nos engañemos, y cada uno tendrá que vivir cargando en la conciencia con los que le tocan. Como caerá sobre la conciencia de algunos seguir sin pedir la ayuda que necesitan, sólo porque la traen personas con un uniforme que lleva en el hombro la bandera de España. Hoy varios alcaldes del área metropolitana de Barcelona han pedido la ayuda urgente de la UME que no solicita su gobierno. Un vecino de Santa Coloma me escribe por Twitter, con copia a su alcaldesa, para pedirle que se sume a la iniciativa. No quiero hablar mal de nadie, pero nunca entenderé los fundamentalismos: ni religiosos, ni políticos, ni identitarios. Cuántos muertos cargan ya sobre sus espaldas.

Hoy me he pasado el día trabajando para terminar con las galeradas y quitármelas de encima. No me ha dado tiempo a bailar el Resistiré con Núria, por lo que he tenido que comprometerme a que mañana lo bailaremos dos veces. Estas cosas son las que nos mantienen agarrados a la vida. Como mi hazaña de esta mañana temprano en el Mercadona: he encontrado papel higiénico, que yo no uso, pero sí las tres mujeres de distintas edades que comparten mi encierro. He vuelto a casa con los rollos como si trajera un león cazado en la sabana africana.

Sigo hablando por la mañana y por la tarde con mis padres, que mantienen el confinamiento y están bien. Ha sido una suerte que en los últimos tiempos, por culpa de la lesión de mi madre, apenas pudieran salir. Se sentían muy desafortunados por ello, ahora ven que quizá sea al revés. Mi madre hace sus ejercicios de rehabilitación y va cada día un poco mejor. Saber que están bien por la mañana y por la tarde son dos momentos de felicidad del día. Cómo hemos redescubierto la dicha, por lo común invisible, de que no haya ninguna desgracia.

Para terminar el día, Noemí y yo nos ponemos The Crown. Nos costó entrar, ni a ella ni a mí nos motivan mucho los avatares de la realeza, y a ella le parece obsceno e insoportable el despliegue de lujo y lacayos. A mí me parece igualmente obsceno, pero lo soporto con humor: no deja de ser cómico que haya gente en el mundo que depende de ese derroche de adulación y otra gente dispuesta a dársela. Al final parece que vamos a verla porque hay que reconocer que está muy bien hecha, que los actores son soberbios —como todos los ingleses— y es una delicia saborear ese inglés pomposo y oblicuo de la clase alta británica, del que alguna vez disfruté en una vida anterior, tratando con abogados de esa nacionalidad. Esa lengua exclusiva y diferenciada de la del populacho, que les permite decir, por ejemplo, que un asunto es intricate, palabra que los subtítulos traducen pobremente por complicado. La serie cuenta hechos tan banales, con seres tan banales, que en estas circunstancias viene a cumplir una insospechada función terapéutica.

Por cierto, leo que la protagonista de la serie, Elizabeth Windsor, está recluida con sólo diez sirvientes —lo estará pasando mal— en el castillo del mismo nombre. También está recluido —en Escocia— su hijo, el príncipe septuagenario. Han dejado al frente al nieto, Guillermo. Cuando llegue ahí, la serie no dejara de tener su interés.

Queda mucho encierro por delante. Caerán, me temo, todas las temporadas que por ahora llevan grabadas.

Actualidad, Diario de la alarma
About Lorenzo Silva

3 Comments
  1. Vaya día 10 !! Cuanto hace que no veía escrita la palabra COU, cuántos recuerdos !! Sin duda eso significa que voy teniendo una edad.
    Lo de la residencias no tiene nombre, es lo más horrible de esta pesadilla junto a no poder despedirse de un ser querido, cómo le ha pasado a mí cuñada, quién tampoco ha podido recibir el calor y cariño de todos la que la queremos. Muy triste, no estamos preparados para eso .
    Tú relación con el papel higiénico ha sido muy interesante…
    Espero que no sea necesario que el ejército venga a mí pueblo , ya que eso significaría que estamos bien dentro de la gravedad,. Encomiable el trabajo duro que hacen y que creo que será reconocido por todos, menos por el pobre hombre
    Un día da para mucho, para reír, llorar, pensar, analizar …
    Un abrazo

    • Siento mucho lo de tu cuñada, Ana, dale un fuerte y cálido abrazo mesetario a toda la familia. Seguiremos, qué remedio, con el carrusel de emociones que la vida nos impone esta primavera.

  2. Saber que están bien por la mañana y por la tarde son dos momentos de felicidad del día. Totalmente!!

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