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3 abril, 2020

Diario de la alarma – Día 19

Sarge, sácanos de aquí

2 de abril –  Cosas que no entiendo

La noticia del día es que hemos superado la cifra fatídica y apabullante de las 10.000 muertes. La otra noticia del día, la frívola, o no, es que los españoles han dejado de comprar compulsivamente papel higiénico —después de dos semanas y a la vista lo despacio que merma la montaña de rollos acumulada al principio—. Lo que ahora triunfa en la cesta de la compra, y no deja de ser lógico y razonable —quizá más que lo del papel higiénico—, es el vino.

Razones no nos faltan, desde luego, para darnos a la bebida. Siguen sucediendo cosas que resultan difícilmente comprensibles. Uno puede aceptar, hasta cierto punto, que frente a la amenaza difusa de un virus desconocido las autoridades reaccionaran en un principio con torpeza y/o lentitud. Le ha sucedido al gobierno español, les ha sucedido en mayor o menor medida a todos los gobiernos autonómicos y a la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo, comenzando por el que inauguró la carrera, el de la todopoderosa y pujante China, y terminando con el de la decadente pero aún gran superpotencia estadounidense. Lo que cuesta mucho más es transigir con desatinos notorios bajo el fuego de un mal que ya ha probado que no es ninguna broma: nos consta que puede llenar y llena funerarias y cementerios, encierra a la gente en sus casas despojándola de su derecho a deambular y de algunos otros y congela la economía con riesgo de necrosarla.

Por empezar por algún lado: es evidente que la cifra de enfermos severos ha comprometido de manera gravísima la atención sanitaria de casos críticos y la supervivencia de ancianos domiciliados en residencias, especialmente en Madrid y Cataluña, aunque también en alguna otra comunidad, como Castilla-La Mancha.

En esas condiciones, ¿cómo podemos entender que se permita al president Torra seguir obstruyendo la actuación de la UME para tareas como el montaje de hospitales de campaña y la desinfección de residencias de ancianos, acciones solicitadas de manera casi desesperada por alcaldes catalanes de todo color, incluido algún regidor independentista? ¿Cómo puede ser que sea noticia que ante la abrumadora cifra de ancianos muertos el president dé «su brazo a torcer», permita a los militares desinfectar al fin residencias y eso parezca una concesión por su parte? ¿Es funcional un sistema que no le tuerce el brazo de manera fulminante a quien así obstruye el socorro a su propia población? ¿Lo es una ley que no proporciona los mecanismos para que alguien que de esa forma atenta contra el derecho a la vida de sus conciudadanos, ante los que asume la representación del Estado, no sea apartado a la mayor brevedad posible de su posición institucional y recluido donde no pueda hacer más daño?

Si tuviera a mis ancianos padres en Sabadell, o en una de esas residencias sin desinfectar aún porque a alguien le dan alergia los uniformes españoles, no encontraría la manera de entenderlo. Que me perdonen quienes sí lo hagan.

Pero hay más. Resulta que en España, según una noticia también de hoy, no hay cientos, sino miles de camas de UCI sin ocupar. Tanto en la sanidad privada como en los sistemas públicos aún no colapsados. En Galicia, en Baleares y en otros sitios. Está sucediendo, no es una hipótesis, que ancianos que llegan a las urgencias de Madrid y Barcelona no pueden recibir atención intensiva porque en ellos las UCI están llenas. Está sucediendo, no es un futurible, que a algunos ya ni se los traslada desde la residencia o el domicilio: ante la falta de respiradores se les invita a morir con una simple mascarilla aspirando oxígeno para aliviarles el trance en presencia de los suyos, antes que agonizar en soledad en un hospital esperando un recurso que no va a llegarles. Hemos visto en las noticias helicópteros militares franceses llevando enfermos a hospitales alemanes con camas de UCI libres. La pregunta que ingenuamente puede hacerse uno, que quizá no podemos no hacernos, es: ¿acaso el ejército español no tiene helicópteros como esos para llevar a los críticos no a otro país, sino simplemente a las camas libres de otras regiones españolas?

Pues la respuesta es que sí, que los tiene, y bien gordos, del modelo CH-47 Chinook. Y no sólo los tiene, sino que desde hace semanas sus tripulaciones han estudiado la capacidad de transporte de camillas de esos aparatos para ponerlos al servicio de la emergencia. Y sabiendo esto, ¿cómo es que no están haciendo ya vuelos desde Cataluña y Madrid para dar alguna esperanza a españoles a quienes en estos momentos se está desahuciando, y de paso a sus familias? ¿Qué lo impide? ¿Qué coordinación hace el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España, es decir, de los españoles en peligro, con ese «mando único» que le da el decreto de alarma? ¿Hay que seguir esperando a que un reyezuelo autonómico lo pida o lo autorice? ¿Qué se hizo del estado de necesidad, ese concepto jurídico que a algunos nos enseñaron en la facultad de Derecho? ¿Qué pasa si se manda al Chinook a aterrizar la plaza de Cataluña de Barcelona y hacerse cargo de los enfermos que el sistema catalán de salud ya no absorbe, aunque al molt honorable se le abra una úlcera?

Releo lo escrito y pienso que quizá la inocencia me dicta estas preguntas. Que me perdone el lector, pero ante estas cuestiones y en estas circunstancias prefiero ser un inocente. Acabo de tener una conversación por Facebook Live con lectores, organizada por mi editorial. No me gusta Facebook, y menos retransmitirme, pero ha sido gratificante reencontrarme, así sea por el canal virtual, con esa buena gente, esas personas razonables y atentas que son los lectores. Esa buena gente que es el grueso de mis conciudadanos, y que no se merece a los descerebrados y desaprensivos que ocupan algunos despachos oficiales. Y ahora me agarro la mano de mi hija pequeña y la de mi mujer y me voy a bailar Resistiré. Si sólo por mí fuera, la canción empieza a estar ya demasiado oída, y todo en grandes dosis cansa. Pero veo la sonrisa inocente de mi hija y le encuentro sentido. Resistiremos. Al virus. A tanta incapacidad. A tanta insensatez. A tanta gratuita, necia inhumanidad.

Actualidad, Diario de la alarma
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5 Comments
  1. Lo que más me preocupa de todo esto es que cuando acabe todo el problema nadie va a exigir responsabilidades y si las exigen todo esto acabará en nada ya que el Gobierno tiene copado todos los poderes públicos y todo se pasará por alto.

  2. David Caballos Villar 16 abril, 2020 at 8:47 am Responder

    Existe ese mecanismo para pedir ayuda internacional, para permitir que pacientes graves desde España sean trasladados a UCIs de otros países, para pedir que profesionales sanitarios de otros países desplieguen en el nuestro sus hospitales de campaña o desplacen profesionales para que se integren en nuestro sistema de salud, para pedir material médico, o EPIs.
    Se llama Mecanismo Europeo de Protección Civil y también se puede recurrir a la iniciativa EMT (Emergency Medical Teams) de la OMS.
    Sigo sin entender por qué no se ha activado este mecanismo (del que soy experto) por parte del Gobierno de España, que es quien lo debe activar.
    Atisbo que su activación puede verse como una «debilidad», como asumir que España no es autosuficiente en la lucha contra el Covid-19. Espero que no sea esta la razón porque no hay nada peor en la gestión de una crisis que la lucha de egos.

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