Blog

6 mayo, 2018

Disuelta en el pueblo (vidas.zip @elmundoes)

 

Lo que queda de la partida de iluminados sanguinarios que se creyeron que su alucinación a propósito de una patria valía más que la sangre derramada de un niño -de hasta cinco niños en el atentado contra la casa cuartel de Vic del 29 de mayo de 1991, cinco niños a los que los terroristas vieron perfectamente antes de hacer deslizarse hacia ellos el coche bomba que había de desmembrarlos- escribe una carta de despedida repleta de eufemismos y sandeces que no merecen mayor atención. No hay que malgastar el tiempo con las palabras de quien ha perdido la capacidad de llamar a las cosas -y en especial a sus cosas- por su nombre ni tampoco con las de quien se pronuncia desde la ignorancia y la necedad. Sin embargo, al final del texto hay un detalle que escapa al ínfimo nivel retórico y dialéctico del grueso del mensaje: nada más, y nada menos, que una metáfora.

La carta final de los terroristas -tan esperada por algunos, innecesaria, redundante o incluso grotesca para muchos-, se suponía que era una carta para anunciar, en fin, la disolución de la organización a la que pertenecieron y desde la que negaron los más elementales derechos a sus conciudadanos, amén de sostener el empeño deliberado y declarado de hacer descarrilar la democracia que tanto había costado recuperar. Y he aquí que eso es lo que hacen, pero añadiendo una precisión escalofriante: la de que se disuelven en el pueblo del que, dicen, salieron.

Seguir leyendo en elmundo.es

Actualidad, elmundo.es, vidas.zip
About Lorenzo Silva

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *