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2 noviembre, 2020

Dos libros para el otoño

El otoño, como ya hizo la primavera, nos trae confinamiento. De momento perimetral, con alcance local y/o autonómico y toque de queda nocturno, pero los más agoreros no descartan que vuelva a ser domiciliario.

El confinamiento anterior lo enfrenté echando mano del remedio que hace décadas aprendí que mejor me funciona para darles un sentido al encierro y a la soledad: los libros. Me dediqué a leer los de otros, acabé escribiendo uno sobre la propia experiencia de la cuarentena, en forma de diario, y regalando otro que tenía escondido por ahí, por no poner sobre él mi nombre e intentar que llevara una existencia independiente. No porque me avergonzara de él, que no me avergüenzo en absoluto, sino para dejar que el lector se enfrentara al texto sin el estorbo de mi presencia.

Aquellos dos libros, como las circunstancias imponían, tuvieron formato digital. El primero, que titulé Diario de la alarma, se publicó en este mismo blog, día a día, a medida que iban progresando sus anotaciones. El segundo, que ya se titulaba Y te irás de aquí, se difundió gratuitamente, como libro electrónico, con la colaboración del portal literario y editorial Zenda y a través de la web de la revista XLSemanal, lo que les agradecí y agradezco.

Ambos tuvieron sus lectores, que me hicieron llegar su gratitud —también, para decirlo todo, algún que otro reparo, porque entre quienes leen hay y ha de haber todo tipo de reacciones ante un texto—. Alguno me preguntó si no existirían en formato tradicional, esto es en papel. La respuesta la tengo hoy, gracias a la confianza que desde hace tantos años mantiene en mí el equipo de Ediciones Destino y al buen hacer que los caracteriza.

Creo que han quedado hermosos, y es una alegría para mí dar la noticia de su llegada a las librerías.

En lo que atañe al Diario de la alarma (más detalles sobre él y su arranque los tenéis en el enlace) es la primera vez que doy a la imprenta un texto diarístico, si se exceptúa un breve ejercicio que hice años por encargo de la revista Eñe, de alcance mucho menor. Como indico en el prólogo, la atracción que siento por la ficción y las historias ajenas me ha hecho siempre muy difícil mantener un diario, del que tendía inexorablemente a desconectarme dado lo anodino de mi peripecia vital.

Sin embargo, la circunstancia anómala de la alarma y el confinamiento me llevó a probar y a encontrar en la redacción de un diario un aliado para soportar el encierro; incluso para evadirme de él, a través de la lectura y la reflexión sobre lo leído y sobre el resto de acontecimientos exteriores e interiores, con la que fui entretejiendo sus páginas. Por este libro pasan Heródoto, Tucídides, Jenofonte, Epicteto, Joseph Roth, José Luis Sampedro, Mika Waltari, Ángel Ganivet o Rainer Maria Rilke, pero también Luis Eduardo Aute o Leonard Cohen. Con sus voces y algunas otras, y con las que me iban llegando a través de las pantallas y las conexiones digitales que a todos nos mantuvieron unidos al mundo, en algún caso mucho menos lúcidas y profundas, se alimenta este soliloquio que al publicarlo propongo como conversación y espero que paliativo a este nuevo confinarnos.

Por lo que toca a Y te irás de aquí (de nuevo en el enlace podéis ver de qué va y cómo empieza) en su día dije que iba a lastrar lo menos posible su travesía con el bulto de mi persona, y a eso tengo que atenerme también en esta anotación, remitiéndome a lo que en su día ya dije sobre él en este mismo blog. No quiero dejar de destacar la belleza de la factura del volumen, gracias a la intuición y el talento del equipo de diseño de Destino, y tampoco de hacer constar que en el viaje de sus dos protagonistas hay también otras bellezas, como los paisajes de Madrid o de Aranjuez, la música de Supertramp, también desde el propio título la de Cecilia, o el cine siempre sugerente de Tarkovski y el de Wong Kar Wai. En los enlaces que acabo de deslizar en este párrafo hay algunas pistas, para quien tenga curiosidad. Permítaseme cerrar la referencia y la entrada con uno de esos paisajes por donde pasan sus protagonistas, Rosa y Milena, fotografiado en mitad de la canícula estival, que es también como ellas lo visitan.

Nos aguardan un otoño y un invierno difíciles. Leyendo lo serán menos. Si en su transcurso a alguien le sirven de algo estos dos libros, benditos sean y habrá valido la pena el trabajo de escribirlos y hacerlos existir.

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