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20 septiembre, 2021

El micro de la Feria – Pasión y humildad

(Ayer, 19 de septiembre, me hicieron el honor de prestarme el micro de la Feria del Libro de Madrid. He aquí lo que dije. Lo he titulado Pasión y humildad.)

Durante veinticinco años seguidos, por primavera, vine a esta feria y este parque, a este oasis de belleza y calor humano que es la fiesta madrileña del libro. Al llegar el vigesimosexto nos tocó a todos quedarnos en casa y aprender a echar de menos las cosas que hasta ese momento habíamos tenido sin alcanzar a comprender cabalmente su valor. Entre ellas, la Feria del Libro. Nos hemos tenido que saltar otra vez la primavera, pero al fin, casi con el otoño, ha regresado nuestra Feria al Retiro y con ella todo lo que nos hizo añorarla y quererla como la queremos.

Cuenta John Cheever que cuando escribía y se preguntaba para quién lo hacía se quedaba mirando el bosque que tenía frente a la ventana del cuarto donde trabajaba. Tras los árboles de ese bosque, se decía, está toda esa gente para la que escribo y que no sé quién es ni qué encuentra en mi obra, pero que le otorga sentido y me da las fuerzas para seguir empeñándome en hacerlo lo mejor posible, lo mejor que sé. Yo no escribo con esas vistas, en eso tengo peor suerte que él; pero gracias a esta Feria del Libro sé mejor que él para quién lo hago. Ahí donde John Cheever ponía unos árboles que no le permitían ver el bosque, yo pongo los rostros, las voces y las miradas de todas las personas que han pasado por la caseta en estas veintisiete menos una ediciones de la Feria que se me ha permitido vivir como escritor. No son un conjunto anónimo, opaco o impenetrable. Son gente que conozco, a la que he escuchado, que me cuenta por qué en lugar de hacer otras cosas de más provecho decide emplear unas horas de su vida en sumergirse en las historias que escribo.

Son hombres, son mujeres, son ancianos, o muy ancianos, y jóvenes, o casi niños. Algunos piensan más o menos como yo —porque nadie piensa exactamente igual que otro—, y otros, venturosamente, piensan distinto, o muy distinto, pero eso no les impide encontrar placer o lo que quiera que busquen en la lectura. Nunca he querido ser escritor de una cofradía ni para una cofradía, el de la literatura es un territorio demasiado ancho como para resignarse a cabalgarlo a lomos de un caballo cojo. Gracias a la Feria del Libro sé que quien te lee, a quien te debes, no sólo puede ser cualquiera, sino que si la fortuna te sonríe, acabará siendo cualquiera, y conviene tenerlo presente.

Bien mirado, es un desafío enorme, y afrontarlo comporta una responsabilidad sobrecogedora. Porque un escritor no tiene más remedio que escribir sobre lo que le importa y le concierne, no puede decidir ir por aquí o por allá para agradar a alguien. Sólo puede afinar el modo de hacerlo. Como dejó expresado otro gran narrador norteamericano, Raymond Chandler: para escribir  novelas y estar a la altura no hay más remedio que aceptar que en este oficio, no importa los años que lleve, uno siempre está empezando, y nada puede salvarle sino la pasión y la humildad. Doy gracias a esta Feria por renovarme cada año la pasión por leer y escribir. Y también por recordarme la humildad que exige el regalo ingente e inmerecido de ser leído por tus semejantes.

(Más abajo, el video).

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2 Comentarios
  1. Gracias a tí por hacernos pasar tan buenos ratos, en mi caso al lado de Vila y Chamorro los cuales tienen un sitio de honor en mi casa.

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