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31 diciembre, 2021

La fragilidad

Desconfío de las listas de mejores libros del año. Y más que de ninguna otra, de la que yo mismo podría hacer. Faltaría en ella todo lo que no he leído, pesaría de más lo que tiene que ver con mis gustos personales, de menos lo que excita mis manías y a lo peor no sabría resistirme, en caso de duda, a colar al amigo o al afín. Nadie se engañe: así están hechas todas esas listas, y de su primer libro Kafka vendió 102 ejemplares en cinco años y Proust 329 en veintidós. Nadie los habría incluido entonces, por más que supusieran la irrupción de dos genios absolutos.

Y sin embargo, no me voy a resistir a recomendar, a quien pueda interesarle, un libro de los que en mi recuerdo quedan de los publicados y leídos este año como los más perdurables. Vaya a su favor que no tengo vínculo alguno con el autor y que en su asunto transita un territorio que como lector rara vez me atrae, por la dificultad de narrarlo: la enfermedad mental. La novela en cuestión se titula Morir es un color, la firma Mario Marín y va de la relación entre dos seres rotos, un hombre y una mujer, que coinciden en la misma habitación de la planta de psiquiatría de un hospital de Huelva donde ingresan después de que a ambos, por motivos diversos, se les quede gripada la máquina de vivir.

Los dos padecen un desgarro atroz que en el caso de él, que oficia de narrador en primera persona, se cuenta con inteligentes elipsis y en el de ella reviste los rasgos de un misterio que se va desvelando a lo largo de sus conversaciones en un crescendo  que nada tiene que envidiar al de la más diestra narración de suspense. Si se tiene en cuenta que en la historia de esta mujer se acumulan los crímenes oscuros, siente uno que se halla ante una extraordinaria y sutil reinvención de las formas y recursos de la novela negra, empeño nada sencillo, a estas alturas.

A esto hay que sumarle que la novela está servida en una prosa vibrante y sólida y que logra acercarse al trastorno mental con elegancia y ternura, de modo que su dolor le llega al lector traspasado de piedad y humanidad. Pero sobre todo, frente a esa novela negra impostada que hace de la acartonada dureza su mayor reclamo, Marín nos habla de algo que el crimen desvela por encima de todo: nuestra fragilidad. Eso que nos constituye, más allá de nuestras quimeras. Como nos recuerda esta sexta ola que vuelve a acogotarnos y como descubren, y parece que no serán los últimos, quienes en estos días pasan sin solución de continuidad de gobernarnos a saber de su cese por Twitter.

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