El nombre de los nuestros

  1. El resumen del editor

    El nombre de los nuestros es la historia de una trágica equivocación: la de la política colonial de España en el protectorado de Marruecos. La novela se inspira, advierte el autor, “en los avatares reales vividos entre junio y julio de 1921 por los soldados españoles […] que defendían las posiciones avanzadas de Sidi Dris, Talilit y Afrau, en Marruecos”. Dos soldados de leva, Andreu —un anarquista barcelonés— y Amador —un madrileño empleado de seguros, adscrito a la UGT—, y el sargento Molina, con la colaboración de Haddú, un singular policía indígena, protagonizan un relato en el que se describen, no ya los horrores de la guerra, sino el horror del hombre ante un destino irracionalmente impuesto por eso que llaman «razón de Estado».

    Ante ellos, la harka, el conjunto de tropas irregulares marroquíes que el torpe mando militar español menosprecia desde sus despachos. Un enemigo invisible en un paraje en el que aparentemente no sucede nada, pero que se prepara lúgubre e inexorablemente para la masacre.

    El nombre de los nuestros se plantea como la novela épica de unos personajes condenados al heroísmo, aunque no crean en él o a sabiendas de su inutilidad. Amparándose en la crónica de unos hechos que aún hoy no gusta recordar, Lorenzo Silva construye la parábola desmitificadora de los restos de un imperio de cartón piedra, y nos engancha magistralmente a unos personajes de carne y hueso: responsables, imperfectos, reconocibles, carne de cañón…

  2. Un apunte del autor

    Esta novela fue escrita entre septiembre y diciembre de 1998. Pero sería muy engañoso limitarse a ofrecer ese dato. La historia que en ella se cuenta me acompaña desde hace mucho tiempo, más de veinte años. Desde que lo conocí, me fascinó el episodio del formidable descalabro que sufrió el ejército español en la zona de Melilla en 1921, conocido como el Desastre de Annual. Siempre supe que tarde o temprano tendría que escribir una novela a propósito de aquel acontecimiento. Durante 1997 me dediqué a prepararla minuciosamente. Incluso viajé a Marruecos, a los lugares reales donde ocurrió todo, en las fechas del verano en que tuvo lugar la matanza. Quería apurar los olores, la luz, el paisaje. De aquella labor acabó surgiendo este libro y también un libro de viajes, Del Rif al Yebala. En ambos (en uno a través de la ficción novelesca, en otro a través del ensayo y el apunte viajero), intento acercarme, sobre todo, a lo que apenas recogen los libros de historia: la experiencia individual de aquellos hombres, españoles y marroquíes, que sufrieron lo indecible a beneficio de un puñado de imbéciles y de canallas. Recordar su historia y su nombre, el de los nuestros, ayuda, entre otras cosas, a no olvidar quiénes son los otros, ellos.

    Puedo (y debo) añadir, con un agradecimiento, que esta novela fue designada finalista del premio de novela histórica Ciudad de Cartagena, en su edición de 2002, galardón que sumó a otros muchos la recomendable Soldados de Salamina, de Javier Cercas.

    Y una curiosidad: en septiembre de 2002 viajé a Sidi-Dris, el lugar donde ocurrieron muchos de los hechos que inspiraron la novela. escribí un texto sobre este viaje, y me traje fotos. Podéis leer el uno y ver algunas de las otras pinchando en el enlace siguiente.

    Un viaje a Sidi-Dris

  3. La cal de la crítica...

    “No era fácil enfrentarse a una historia de esta naturaleza, y no sólo por la existencia de enjundiosos precedentes (…) Hay que decir que, por lo que respecta a su calidad estética, la novela de Lorenzo Silva no es en absoluto inferior a algunas de aquellas obras que la precedieron y que hoy figuran con todo derecho en la historia literaria. En primer lugar, porque nos encontramos ante un buen narrador, con muy variadas aptitudes para abordar asuntos diversos, que sabe dosificar muy bien el ritmo de la novela e impedir que la atención del lector se relaje. En segundo, porque El nombre de los nuestros, que se beneficia de estas virtudes en la descripción y el relato de escenarios y sucesos bélicos, no es primordialmente una novela sobre la guerra de Marruecos, sino sobre la irracionalidad y la crueldad de la guerra, y también sobre la injusticia de una sociedad capaz de enviar a la muerte a muchos seres humanos para aprovechamiento y lucro de unos pocos (…) Con el empeño puesto en rehuir tópicos fáciles divulgados por relatos bélicos de toda índole, Silva ha logrado esbozar un buen conjunto de tipos novelescos adecuadamente individualizados (…) Novela más que notable, El nombre de los nuestros ostenta, además, la limpieza de escritura habitual en el autor (…)”

    Ricardo Senabre, El Cultural.

    “…una hermosa y técnicamente ejemplar novela (…) Página a página, se adivina un trabajo de investigación riguroso que nunca ensombrece la ficción: Silva practica la novela documentada, no la documentación novelada. Por todo eso, El nombre de los nuestros confirma a su autor como dueño de una escritura sólida y formalmente clásica, muy ajustada a los límites de sus pretensiones; su destreza en el manejo de la sencillez como vehículo de un compromiso ético hace que esta novela se convierta en un título merecidamente destacable.”

    Juan Marín, Babelia.

  4. ...y la arena

    “No vamos a descubrir ahora a Lorenzo Silva: es el escritor natural, fluido, convencido de sus asuntos, el autor que somete con rabiosa perfección su estilo a la fuerza de las historias; sin embargo, tenemos la impresión de que no ha dado lo mejor de sí mismo. Ha escrito un libro de trinchera, correcto, abrumador en matices y atmósferas de la época y conocimientos militares, donde flaquean los elementos de ficción (no son trascendidos o determinantes como en otros libros suyos, pensemos en El lejano país de los estanques), no así su valor testimonial (…)”

    Antón Castro, ABC Cultural.

  5. Comentarios
    One Comment
    1. Me encantó el libro. Lo releo de vez en cuando.

      Mi abuelo también estuvo en África, aunque no se donde exactamente (la época si. Del mismo 20 al 23). Murió joven y sin ganas de recordar aquello.

      Tengo fotos suyas en un campamento, en alpargatas y con un parapeto de piedras y sacos terreros…

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