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10 marzo, 2019

Microfeminismos (vidas.zip @elmundoes)

 

 

Advierte Robert Musil contra el peligro de las grandes cosas, las grandes causas, la grandilocuencia en general. A menudo, viene a decir, sirven de cobertura a las mezquindades usuales de los humanos, cuando no a algo peor. Eso previene a no pocos frente a las grandes manifestaciones, prevención tanto más comprensible cuando se plantean como casi preceptivas y en ellas participa el poder, léase gente con sillón ministerial -o de una conselleria, o de un consejo de administración-. Hay, sin embargo, causas que son demasiado justas y necesarias como para jugar a su descrédito general, incluso si en su defensa se mezclaran intereses turbios. Hacerlo en víspera de elecciones equivale, muy posiblemente, a pegarse un tiro en cada pie.

Con el eco de una gran manifestación feminista resonando aún, ante el rictus crispado de quienes de forma suicida tratan de restarle valor, quizá sea el momento de recordar que de lo que se trata es de procurar la igualdad entre hombres y mujeres que todavía nos falta, y quizá esa necesidad se perciba mejor en las muchas pequeñas historias que así lo atestiguan. Vayan tres como muestra que puede aportar este testigo entre tantos.

La última vez fue en Guadarrama, Madrid, una de las mañanas soleadas que nos trajo el último febrero. Pero hubo muchas antes, en otros muchos lugares de España: en Lleida, en Almería, en Zaragoza. Conversación con un centenar de alumnos de secundaria sobre literatura. Al final del acto, se acerca un grupo de alumnas de origen marroquí. Algunas con pañuelo a la cabeza, otras sin él. Todas inteligentes, todas buenas lectoras, claramente por encima del promedio de su grupo. Se diría que saben valorar la oportunidad que representa el acceso a una educación pública de calidad mejor que sus compañeros. Saben que esa es su oportunidad de ser más, de crecer como personas y ciudadanas. Y ahora viene el jarro de agua fría: la mayoría de ellas no irá a la universidad, algunas ni harán el bachillerato. Su situación económica y familiar no lo favorece y no hay políticas públicas que propicien que estas mujeres que tanto podrían aportar a la sociedad española, entre otras cosas como puente natural con la comunidad de la que proceden, desarrollen todo su potencial. Así es como un país dilapida sus recursos.

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One Comment
  1. Yo conozco a un personaje de ficción que no le gustan los hombres con coletas. Me encantaría saber cuál sería su comentario al ver el catel del regreso del permiso de paternidad, hay que ser torpe.
    El artículo de ayer soberbio, al final el juicio no está resultando tan aburrido como suponía y te da la opción de escuchar a testigos muy interesantes .

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