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22 mayo, 2018

El triunfo, el futuro

 

 

La imagen que abre esta entrada muestra el arco del triunfo de la ciudad francesa de Orange, en la Provenza. Dos mil años de historia, de persistencia, de belleza.

Lo he descubierto gracias a la amabilidad de dos profesoras de español del Lycée L’Arc (cómo iba a llamarse, si no) de Orange, Marisa y Marianne, que me invitaron para conocer a sus alumnos y el trabajo que han hecho sobre varios relatos de mi libro El déspota adolescente, sobre el que han elaborado producciones escritas y audiovisuales. Es una de esas experiencias que uno debe regalarse de vez en cuando, porque devuelven la esperanza. No sólo voy a ponderar los trabajos que resultaron ganadores del concurso organizado por el liceo, y que lleva el nombre del novelista español Víctor del Árbol, debidos al talento y la sensibilidad de Pierre-Nicolas, en la modalidad escrita, con un par de relatos y una prosa poética de excepción, y Anaelle, en la modalidad audiovisual, que se marcó nada menos que un corto sobre el relato Un ingeniero para Jalima. Interpretado por ella misma, se fue a rodarlo a Aviñón y Montpellier, para contar con un bar de tapas y un tranvía que le permitieran representar, más o menos, el barrio de Lavapiés y el metro de Madrid. Le he pedido que lo suba a la red para poderlo enlazar, y así lo haré si llega a atreverse, merece la pena.

 

 

Todos los trabajos merecen ser destacados y ponderados, por la audacia y la solvencia con la que unos alumnos franceses se enfrentan a crear en un idioma que es para ellos la segunda lengua extranjera que estudian en el liceo. Por ahí va, diría yo, el camino para enseñar una lengua, para acercar a los chavales al conocimiento y la cultura y permitirles sentirse protagonistas de algo que está destinado a ser suyo, y no de los mandarines que tantas veces, so pretexto de preservarla, inutilizan la manifestación cultural y artística (de quienes prefieren sustituirla por el circo con gladiadores, ya ni hablo).

Quiero por tanto agradecer y felicitar por su trabajo a Coralie, Emma, Eva, Melody, Sarah, Prescillia, Lea, Sindy, Alexandra, Mégane, Alice, Angélique, Pauline y Sahila, quien por cierto, y para quienes gusten de las conexiones esotéricas, nació en Madrid en el seno de una familia marroquí venida de Midar, el pequeño pueblo del Rif del que también procede la Jamila del cuento.

 

 

El sábado, antes de regresar a Madrid, tuve un rato para visitar el fastuoso teatro romano de Orange, el único de Europa Occidental que, merced a la neligencia destructora de los visigodos que tomaron Orange en el siglo V, conserva entero el muro de escena, de 37 metros de alto y 60 de ancho; el único, por tanto, que ha mantenido la sobrerbia acústica original. Si alguna vez vais por la Provenza, no dejéis de visitarlo. Sobrecoge estar en un escenario que nos devuelve, de veras, al espacio del teatro clásico, que allí debía de ser un espectáculo apabullante y cautivador.

Sentado en la grada superior descubrí una amapola, esa flor humilde que brota en los campos de Francia y España (siempre he querido creer que a ella se debe el rojo de las respectivas banderas) y que es con diferencia la que prefiero entre todas. Ella me recordó, al abrigo de aquel viejo teatro, vencedor con todas sus historias a cuestas del tiempo y de olvido, dónde están, hoy, ayer y siempre, el triunfo y el futuro: en la inteligencia, en la sensibilidad, en la imaginación. En la cultura.

 

 

Postdata: Hablando de talento, y de futuro. Me han mandado el enlace del vídeo que grabó María Álvarez Negueruela, la ganadora del I premio de relato para jóvenes que lleva mi nombre y que organiza el colegio El Ope de Archena (Murcia). Si tenéis diez minutos, merece la pena ver y escuchar cómo escribe y se expresa esta chica. Cometeremos un delito de lesa patria y de lesa humanidad si no somos capaces de apoyar, como sociedad, a estos chavales prometedores y brillantes en la medida en que se lo merecen.

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4 Comments
  1. Me gusta la frase que resalta en el vídeo, lo de que es una falacia que una imagen valga más que mil palabras 👏👏👏. Y la ilusión que le pone, obviamente.

    No me gusta lo difícil que es encontrar el relato escrito. Prefiero leer a que me lo lean, con mucha diferencia, salvo que sea poesía, en la que reconozco mi torpeza…

    Hay mucho talento escondido o en ciernes, y bueno es, desde luego, apoyarlo.

    ¡Un abrazo!

  2. No sé si podriamos edificar un arco de triunfo pero, al menos, procuramos aportar nuestro grano de arena al edificio. Inculcar a nuestros alumnos el hecho de que leer es hoy un acto de rebeldia es nuestro humilde objetivo. Gracias por haber contribuido a que se realice y, desde luego, por este articulo que no dudaremos en transmitir a los chavales.

  3. […] en especial quiero agradecer el que me ha dado Anaelle, del Lycée L’Arc de Orange, del que ya hablé aquí en otra ocasión, y que se ha decidido a colgar en YouTube el corto que hizo sobre mi cuento Un ingeniero para […]

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