Lejos del corazón

  1. El resumen del editor

    Un joven de veinticinco años, con antecedentes por delitos informáticos, desaparece en la zona del Campo de Gibraltar. Hay testigos que aseguran haber visto cómo un grupo de hombres lo abordaban en plena calle y lo metían a la fuerza en un coche. Poco después de su desaparición, se reclama por él un abultado rescate en efectivo, que los suyos abonan sin rechistar. Desde entonces, no se vuelve a saber de él, lo que hace pensar que han acabado con su vida.

    Tres días después de la desaparición, el subteniente Bevilacqua y la sargento Chamorro reciben el encargo de tratar de esclarecer lo ocurrido. Viajan para ello al Estrecho, donde se encuentran con un microcosmos en el que las leyes son relativas, el dinero negro corre a raudales y su blanqueo es una necesidad cotidiana. Un lugar lejos del corazón de todo donde nada es de nadie y todo puede tomarse, donde nadie mira y nadie ve, y donde, en fin, cualquier cosa es posible.

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  2. Un apunte del autor

    Fue en la primavera de hace veinte años, la de 1998, cuando apareció en Ediciones Destino la primera novela de la serie de Bevilacqua y Chamorro, El lejano país de los estanques. Escrita en 1995, durante tres años no había encontrado editor, hasta que María Antonia de Miquel, entonces directora literaria de Destino, decidió apostar por ella. Fue el inicio de una larga y hermosa aventura compartida: con la editorial —por la que luego han pasado otros editores—, con miles de lectores y también con muchos libreros en quienes la pareja de investigadores beneméritos y su autor hemos encontrado la mejor y más fecunda de las complicidades.

    Han sido veinte años llenos de recompensas, con varios premios literarios de prestigio (desde el Ojo Crítico de ese mismo año para la primera entrega de la serie hasta el Nadal del 2000 y el Planeta del 2012 para El alquimista impaciente y La marca del meridiano, respectivamente), más de dos millones de ejemplares vendidos y traducciones a una decena de lenguas. Diez libros, ocho novelas y ocho historias cortas agrupadas en dos volúmenes, más de 3.000 páginas de una ficción que desde hace años es para mí una especie de obra en marcha, un retrato de mi tiempo y mi lugar a través de la mirada de un guardia civil imprevisto para muchos y hasta para sí mismo que se ha convertido en el mejor de mis testigos.

    Para celebrarlo, nada mejor que presentar una nueva novela, que intenta continuar con el espíritu de las anteriores y por tanto se mantiene apegada a la realidad de su tiempo, en un escenario de excepción, el estrecho de Gibraltar, y con una temática que cada día es más insoslayable: la utilización por la delincuencia de ese nuevo territorio de vida y relación que llamamos ciberespacio.

    Más información en el blog:

    Que veinte años no es nada

    Cerca del corazón

  3. La cal de la crítica

    Volvemos a vernos, teniente Bevilacqua. Perdón, subteniente. Ya sabemos cuánto le molestan esos errores, aunque está acostumbrado, como acostumbrado está a que se equivoquen con su apellido. Veinte años ya desde que se enfundó el uniforme literario con El lejano jardín de los estanques. Que se dice pronto. Dos décadas en las que su creador, Lorenzo Silva, ha logrado una hazaña dentro del panorama literario español: desarrollar una serie de la que sus seguidores no saben cómo descolgarse. Enrolados en las peripecias de Bevilacqua y su compañera Chamorro, los lectores los sentimos ya como unos viejos amigos. Camaradas, en cierto modo. Sabemos sus debilidades, sus fortalezas. El origen de sus pesares, la raíz de sus desencantos.

    Los años pesan, los kilómetros pasan. Los hijos crecen. Y así empiezas esta historia, subteniente, viendo cómo la sangre de tu sangre jura bandera para ser como tú “pero mejor armado, más limpio y con más hambre de todo, en el sitio exacto que tú ocupaste años atrás”. Tricornio contra tricornio, abrazos elocuentes, madres crepusculares, ex esposas emboscadas en la espesura dela memoria. Siempre fuiste un sentimental, admítelo, y los años no hacen más que acentuarlo. Solo hay que ver / escuchar las canciones que se agitan en tu teléfono móvil. Lo que no cambia es tu código de identidad: “No es necesario que un hombre crea en Dios o en una patria para seguir viviendo, pero sí le es preciso hacer con su vida algo, lo que sea, que le ayude a no dejar de creer que el tipo que le saluda cada mañana en el espejo del baño merece continuar gastando el aire que respira”. El tedio envilece, lo sabes, así que basta de momentos familiares y al grano. A Algeciras. Operación Supermán. Un ingeniero informático (Crístofer, como el desdichado Reeve) desaparece. Un secuestro, parece. Cuando empiecen las pesquisas pronto quedará claro que detrás del suceso hay mucho fango alrededor del “lavado de dinero de oscura procedencia a través de un activo peliagudo, como son las monedas virtuales”. Cómo han cambiado los tiempos, subteniente: cibercrimen, bitcoins, estafas virtuales. Pero se conservan los malos hábitos: “Nos condenan a trabajar con un proceso penal decimonónico y aún así se lo hacemos funcionar”.

    Como era de esperar, la trama funciona como un coche de alta gama. Un motor que aguanta lo que le echen tanto en carreteras tranquilas por las que circulan los sentimientos como por las pistas de montaña en las que hay que tirar de la tracción a las cuatro ruedas para narrar potentes secuencias de acción con patrulleras y helicópteros.

    Y como Silva se las sabe todas, dialoga con velocidad de crucero y cuando menos te lo esperas pega un frenazo, ay, y te pone un nudo en el estómago con una conversación llena de palabras ausentes con la juez Carolina, que puso en apuros tu soledad, o uno en la garganta en la escena con Chamorro en la que hay un pequeño paso (¿beso?) más allá de la camaradería. ¿Se da, realmente? Silva es demasiado astuto para dejarlo claro. Pero la vida es impredecible, sabe Vir, y su humor “puede ser perverso”.

    Hay en Lejos del corazón reencuentros que amplían nuestra información sobre tu pasado (“esa zanja que está por todas partes y que el caimán se acaba encontrando dondequiera que pone el pie”), como tu etapa en la comandancia de Guipúzcoa. Tiempos de plomo. Hay ecos televisivos (“The Wire”), literarios (“El hombre sin atributos”) cinematográficos (“Nostalghia”) y musicales (Gianna Nannini, Kenton Chen, Robe). El libro de Musil esconde una profecía: “Describe cómo la tecnología nos separa de nuestros propios actos, de nuestra responsabilidad sobre ellos y de su gravedad moral. En muchas ocasiones terribles lo que tiene ante sí quien toma las decisiones es un botón blanco, pulido y brillante. Que no cuesta nada apretar. La revolución digital ha traído que al otro lado del botón ya no hay siquiera una persona que tenga que esquivar sus culpas sino una máquina o un algoritmo que no van a hacer nunca nada a título personal, porque no son personas”. Botón anclado en el horror.

    Negro futuro al que plantar cara como siempre, siguiendo al pie de la letra a Robe: “Del tiempo perdido, en causas perdidas, nunca, nunca me he arrepentido”. La vida, como bien mostró Tarkovski, es un cuerpo empeñado en mantener viva una llama junto al corazón”.

    Por eso hay que “encontrar un deber. Uno personal, que tú te creas y descubras por ti mismo, no el que otro quiera ponerte. Y a ese debes dárselo todo, pase lo que pase, te festejen o te maldigan, ganes o pierdas, cuando te recompense y cuando sea tu cruz”.

    Espera, que llama Chamorro: “Solos los dos y nadie en el corazón”. Así es, así sois. Cazadores. Solitarios y con una llama cerca del corazón.

    Tino Pertierra, La Nueva España

  4. Comentarios
    3 Comments
    1. este comentario es una maravilla, un placer leerte, conocí a Bevilaqua, por una amigas madrileñas, las librófagas, ahora formo parte de su grupo, y en un click , desde el norte de Argentina, tengo noticias de la madre patria,un saludo para ti. María Amalia .

    2. Tino, esto es una maravilla de comentario, muy bueno. Por unas amigas madrileñas LIBRÓFAGAS, conocí a Lorenzo Silva, y por supuesto a Bevilaqua, , y con un simple click tengo noticias de la madre patria, acá en el norte de Argentina.Saludos. María Amalia.

    3. No se puede decir que no me he tomado mi tiempo, casi una semana en leerlo. Quería saborearlo…he disfrutado cada palabra .
      Además de tu forma de escribir, desde el primer libro he valorado mucho lo bien documentados que están .Que hayas utilizado ,el letrado de administración de justicia, lo demuestra .
      Un pero, final página 293, muy poco explícito Rubén, aunque posteriormente haga algunas referencias .
      Gracias .
      Un abrazo

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